¿Qué pasaría si, cuando todo esto pase, no volvemos a la escuela?

Una crisis social, se ha señalado en Ciencias Sociales, tienen dos caras: se puede interpretar como un momento carente de sentido (deconstrucción), pero también como una oportunidad para resignificar una realidad (reconstrucción). Nos preguntamos hoy ¿Qué pasaría si, cuando esto pase, no volvemos a la escuela?

Comunidad escolar

En este contexto, debemos reconocer que la comunidad escolar es una institución social moderna en crisis. Una institución nacida históricamente a fines del siglo XIX -desde el despotismo ilustrado- y preocupada esencialmente de la reproducción social.

Una institución de interés público -por su relevancia social, cultural, económica y política- pero fuertemente cuestionada debido, entre otros factores, a sus magros resultados en la distribución de los beneficios de la modernidad a todos y todas las personas. Una institución educativa que hizo de la ciencia y la cultura universal el principal medio para formar ciudadanos en un mundo posmoderno, agobiada por exigencias legítimas de desarrollo emocional, multiculturalidad, democratización e inclusividad.

En tiempos de pandemia y crisis social, podemos parafrasear a Nietzsche para decir “la escuela ha muerto”, como una oportunidad para pensar la escuela que queremos, para soñar la educación que queremos para nuestros hijos e hijas. Así las cosas, parece importante aprovechar estos tiempos de educación a distancia (forzada) para abrir espacios de reflexión y diálogo en torno a esta escuela cuestionada.

Transformación social

Se trata de una hipótesis de transformación social que ya ha sido planteada por varios educadores chilenos y latinoamericanos. Cuando decimos ¿Qué pasaría si, cuando todo esto pase, no volvemos a la escuela?, decimos, no volver a esa escuela que no permite coexistir al niño o niña en sus aulas (Patricio Alarcón); en que predomina la racionalidad instrumental (Juan Ruz) y se invisibiliza y deslegitima al otro (Humberto Maturana).

Decimos no volver a una escuela que redujo la realidad a un mero mapa (Carlos Calvo); que opera como una máquina de educar, como una fábrica (Pablo Pineau). Decimos no volver a una escuela que inventa diferentes y que segrega (Carlos Skliar); que niega las emociones y el movimiento (Juan Casassus). Decimos declarar muerta una escuela opresora y monológica (Paulo Freire) para refundar una escuela alegre, comprensiva, habitable y emancipadora (Domingo Bazán).

La tarea no es simple, pero tiene que ver con aprovechar la oportunidad de que -hoy por hoy- nuestros hijos e hijas se educan en las casas, para hacer la necesaria pausa pedagógica y crítica para re-pintar, re-crear, re-mirar y re-significar la escuela. Nadie sobra en esta tarea de deconstrucción y reconstrucción.

Domingo Bazán Campos
Magíster en Desarrollo Curricular y Proyectos Educativos. UNAB (2019).
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