A qué llamamos humanizar el aprendizaje

A qué llamamos humanizar el aprendizaje

“Cuánto de lo humano ya era en sí tecnología es algo que puede y debe discutirse, pero la invasión en estos tiempos críticos de recursos, formas, estrategias, diseños, herramientas, buenas prácticas, todos ellos afiliados a la idea de virtualidad es una preocupación que me resulta insoslayable. ¿Qué queda del educador que toma la palabra y la democratiza a través de los sinuosos caminos de las miradas y las palabras de los estudiantes? ¿Qué queda de las formas conjuntas de hacer arte y artesanía, de tocar la tierra, de jugar, bajo la forma tiránica de la pantalla siempre encendida?”

Carlos Skilar, 2020

En tiempos en que la sensación de agobio cotidiano se conjuga con la incertidumbre de lo que vendrá sobre y para las formas de enseñar y aprender, detenernos a reflexionar sobre lo que nos acontece y lo que proponemos como docentes debiera ser un punto de partida para salir o no de la pandemia. Sobre todo, si utilizamos el concepto “pandemia” para asimilar el contexto actual educativo que nos cuestiona a pensar/nos más allá del control más o menos efectivo del avance de esta enfermedad infecciona que nos atormenta.

Nuestro rol como formador

De acuerdo con esto, nuestra comprensión e interpretación de nuestro rol de formadores es vital, no tan solo para reaccionar respecto de la emergencia educativa, sino que para retomar o identificar los desafíos a nuestra labor desde un marco de justicia social, considerando las distintas variables de lo que concebimos como experiencia didáctica, que aportan al desarrollo integral de nuestros educandos y, que se traduce en la articulación virtuosa de la facilitación de relaciones de colaboración entre sujetos que, interactuando en un mismo espacio y tiempo, comparten sus saberes para adquirir nuevos desde el logro de un desafío común desde el uso mediado de diversos soportes y dispositivos educativos.

Desafíos didácticos

Hablamos entonces, de detenernos a hacer una pausa para retomar los desafíos didácticos, facilitando espacios de aprendizaje que atiendan las expectativas y necesidades de nuestros estudiantes, desde un manejo responsable y empático de estos entornos y que sean virtuales y/o presenciales, para que se tornen en espacios de aprendizaje mutuo, desde un clima de confianza y resiliencia antes circunstancias que nos unen, tanto a los formadores como a los aprendices.

Experiencia de aprendizaje

En resumen, detenernos en la importancia de reconocer las diversas dimensiones que conllevan una experiencia de aprendizaje, implica retomar la reflexión en torno a la didáctica y su papel clave en la articulación de los procesos de enseñanza y, por tanto, retomar las preguntas fundamentales de todo proceso de planificación y diseño de clases, desde las condicionantes del contexto actual, pero también y con mayor razón, desde el compromiso educativo por aportar al proceso formativo de otros.

Y por lo mismo, profundizar en las razones pedagógicas que están a la base de la organización del tiempo y la dinamización del espacio de aprendizaje, o de la selección de contenidos y el uso de soportes, ya sea que esto se traduzca en un conjunto de actividades de aprendizaje organizadas en una plataforma educativa, o bien desplegadas desde videoconferencias u anidadas en un repositorio en línea, para que entonces nuestra reflexión oriente nuestras acciones educativas para humanizar los entornos de aprendizaje.

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