Deserción en la educación superior: una cuestión de equidad social.

En cualquier nivel educativo la deserción de los estudiantes es sinónimo de fracaso o podríamos definirlo como la interrupción voluntaria o involuntaria del derecho a educarse.

Para Silva M. (2011), el primer año universitario constituye un tramo crítico que influye significativamente en una trayectoria exitosa o en una irregular y, por supuesto, en el abandono.

¿Pero cuál puede ser el o los motivos que llevan a abandonar sus estudios uno de cada tres jóvenes que ingresan al sistema universitario en Chile? (1)

(1)
“En Chile más de un 30% de los estudiantes dejan los estudios en el transcurso del primer año de educación superior,
es decir, 1 de cada 3 alumnos que ingresan a estudiar en alguna Institución de Educación Superior no termina sus estudios.
Este tema constituye una de las grandes preocupaciones del sistema de Educación Superior en Chile, y del Ministerio de Educación en particular”
(Ministerio de Educación Chile, 2014)

Desde mi perspectiva son multifactoriales, por mencionar algunos;

Falta de motivación

Falta de motivación ante las expectativas legitimas del estudiante de encontrar en los primeros años conocimientos y /o experiencias de aproximación al campo de la disciplina, cuestión que no siempre en todas las casas de estudio ocurre, sino más bien dan prioridad a programas de estudios que tienen como propósito nivelar competencias de base en áreas del saber de las ciencias básicas (lenguaje – comprensión y matemáticas), esto es una verdadera continuidad de los contenidos curriculares del sistema escolar, aquello pretende equiparar desigualdades en la formación secundaria que a priori se asume como una debilidad en el perfil de ingreso del estudiante por cohorte.

Falta de desarrollo de habilidades y capacidades socio emocionales

Otra posible causa destaca la falta de desarrollo de habilidades y capacidades socio emocionales (Crissman y Upcraft, 2005), que dejan al
estudiante en desmedro ante las exigencias de un sistema académico rígido, competitivo y poco abierto a una formación sustentada en el paradigma de la diversidad o tal vez cuestiones de orden económicas que generan una barrera inalcanzable de sobrellevar.

El sistema universitario en Chile se ha sostenido desde inicio del dos mil a través de políticas públicas basadas en la lógica del endeudamiento del estudiante con la banca (CAE), accediendo a crédito con tasas de intereses que se rigen bajo un sistema económico neoliberal y donde el Estado actúa como un Aval sin tener ninguna participación siendo más bien un ente observador de lo que ocurre entre privados (estudiante – banco). En consecuencia a lo anterior el aumento en los últimos veinte años de universidades privadas fue exponencial, lo que permitió mayor ingreso de jóvenes de sectores socioeconómicos del segundo y tercer quintil. Sin embargo este acceso desde mi perspectiva no abordó otras variables que tienen relación al capital cultural y educacional de los jóvenes.

Sin duda este último es fundamental para enfrentar la vida universitaria donde la enseñanza – aprendizaje y su relación de académicos con estudiantes y la propia relación entre los estudiantes genera un quiebre y cambio importante, para Tinto, Astin, Pascarella y Terenzini (2005) entre otros, reconocen la importancia del involucramiento o participación del estudiante en su vida universitaria para sustentar su persistencia.

La inequidad

La inequidad en el sistema de educación superior no está dado solo por las condiciones económicas que sin duda generan diferencias sustanciales en el ingreso de un estudiante en comparación a otro a la hora de elegir una casa de estudio, sino desde mi perspectiva es igual o más desigual las condiciones previas en su educación que permiten un dispositivo de herramientas cognitivas y socioemocionales que favorecen para enfrentar el estrés, la exigencia académica y el ritmo de aprendizaje propio de la cultura universitaria. Todas las condiciones anteriores constituyen elementos que al relacionarlos pueden estar en desventaja si no están desarrolladas en los estudiantes, generando una situación de inequidad entre los propios pares, lo que trae una mayor disposición a la
deserción en los primeros años de educación superior.

Según Crissman y Upcraft, (2005) los factores de entrada reconoce la importancia de características personales como el género, edad, origen étnico y antecedentes familiares; el estatus socioeconómico; los logros académicos previos y los compromisos iniciales.

Son entonces elementos que el sistema educativo no está reconociendo, difícil parece creer tal aseveración, entonces ¿cómo mejorar aquellos factores de inequidad social?

Desafío de la educación superior en Chile

El desafío que tiene el sistema de educación superior en Chile no solo requiere de aumentar sus indicadores de calidad con lo que respecta a su infraestructura, cuerpo académico, niveles de exigencia en la formación, sino es de igual importancia aumentar las condiciones de equidad en el ingreso, permanencia y logro de titulación e inserción al sistema laboral de sus estudiantes.

Esta tarea no es posible bajo sistemas de financiamientos que dejan en el abandono absoluto a quienes ingresan con crédito a la
educación superior, en tal sentido es necesario minimizar los riesgos de deserción a través de un cambio en el sistema de financiamiento por parte del Estado a todos los estudiantes que ingresen a la educación superior, especialmente aquellos de menos recursos, por otra parte la universidad debe revisar sus políticas de ingreso, su modelo pedagógico y plan estratégico institucional, los cuales desde mi perspectiva deben considerar los aportes que hoy nos entregan la neurociencia, avance tecnológicos y las condiciones sociopolítica que vivimos como país.

Tales antecedentes deben dar cuenta en el análisis estratégico de la comunidad universitaria con participación activa de todos sus integrantes (autoridades, académicos, estudiantes, funcionarios), facilitando condiciones mínimas para un proceso de acompañamiento y colaboración hacia y para los estudiantes.

Finalmente las universidades deben ir en un camino democrático, donde se valore y destaque la convivencia y la colaboración por sobre la competitividad y el individualismo academicista.

Cuestión fundamental para un futuro profesional responsable socialmente y respetuoso de convivir y construir sociedad.

César Villegas Gálvez
Director Académico Principium Consultores
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